jueves, 9 de octubre de 2008

cuando una personalidad enamora





John Blanchard se levantó de la banca, alisó su uniforme de marino y estudió a la muchedumbre que pasaba en la Grand Central Station. Buscaba a la chica cuyo corazón conocía, pero cuya cara no había visto jamás, la chica con una rosa en la solapa de su abrigo.
Su interés en ella había empezado trece meses antes en una biblioteca de Florida. Al tomar un libro de un estante, se sintió intrigado, no por las palabras del libro, sino por las nota escritas a lápiz en el margen. La suave letra reflejaba un alma pensativa y una mente lúcida. En la primera página del libro, descubrió el nombre de la antigua propietaria del libro, Miss Hollis Maynell.

Invirtiendo tiempo y esfuerzo, consiguió su dirección. Ella vivía en la ciudad de Nueva York. Le escribió una carta presentándose e invitándola a responderle. Al día siguiente, sin embargo, fue embarcado a alta mar para servir en la Segunda Guerra Mundial. Durante el año y el mes que siguieron, ambos llegaron a conocerse a través de su correspondencia. Cada carta era una semilla que caía en un corazón fértil; un romance comenzaba a nacer.

Blanchard le pidió una fotografía, pero ella se rehusó. Ella pensaba que si él realmente estaba interesado en ella, su apariencia no debía importar.

Cuando finalmente llego el día en que él debía regresar de Europa, ambos fijaron su primera cita a las siete de la noche, en la Grand Central Station de Nueva York. Ella le escribió: "Me reconocerás por la rosa roja que llevaré puesta en la solapa de mi abrigo". Así que a las siete en punto, él estaba en la estación, buscando a la chica cuyo corazón amaba, pero cuya cara desconocía.

Dejaré que Mr. Blanchard relate lo que sucedió después:

Una joven venía hacia mí, su figura era larga y delgada. Su cabello rubio caía hacia atrás en rizos sobre sus delicadas orejas; sus ojos eran tan azules como flores. Sus labios y su barbilla tenían una firmeza amable y, enfundada en su traje verde claro, era como la primavera encarnada. Comencé a caminar hacia ella, olvidando por completo que debía buscar una rosa roja en su solapa. Al acercarme, una pequeña y provocativa sonrisa curvó sus labios. Casi incontrolablemente, di un paso para seguirla y en ese momento vi a Hollis Maynell. Estaba parada casi detrás de la chica. Era una mujer de más de cuarenta años, con cabello entrecano que asomaba bajo un sombrero gastado. Era bastante llenita y sus pies, anchos como sus tobillos, lucían unos zapatos de tacón bajo. La chica del traje verde se alejaba rápidamente. Me sentí como partido en dos, tan vivo era mi deseo de seguirla y, sin embargo, tan profundo era mi anhelo por conocer a la mujer cuyo espíritu me había acompañado tan sinceramente y que se confundía con el mío. Y ahí estaba ella. Su faz pálida y regordeta era dulce e inteligente, y sus ojos grises tenían un destello cálido y amable. No dudé más. Mis dedos afianzaron la gastada cubierta de piel azul del pequeño volumen que haría que ella me identificara. Esto no sería amor, pero sería algo precioso, algo quizá aún mejor que el amor: una amistad por la cual yo estaba y debía estar siempre agradecido.

Me acerqué, saludé y le extendí el libro a la mujer, a pesar de que sentía que, al hablar, me ahogaba la amargura de mi desencanto: Soy el teniente John Blanchard, y usted debe ser Miss Maynell. Estoy muy contento de que pudiera usted acudir a nuestra cita: ¿Puedo invitarla a cenar? La mujer me miró con una sonrisa tolerante:
- No sé de que se trata todo esto, joven, -respondió

- pero la señorita del traje verde que acaba de pasar, me suplicó que pusiera esta rosa en la solapa de mi abrigo. Y me pidió que si un joven me invitaba a cenar, por favor le dijera que ella lo está esperando en el restaurante que está cruzando la calle.

No es difícil entender y admirar la sabiduría de Miss Maynell. La verdadera naturaleza del corazón se descubre en la respuesta a lo que no es atractivo. "Dime a quién amas, y te diré quién eres", escribió Houssaye.

Cuando alguien quiere de verdad, no importa la apariencia, sólo lo que hay dentro de la persona, pues es allí donde radica la verdadera belleza. Si físicamente es bella, ¡qué bueno!, porque entonces has encontrado la persona perfecta, pero sino, no olvides que la belleza externa con el tiempo se desvanece pero la interior crece. ¿Qué es más importante: el estuche o el regalo?. Si te regalan una perla, no lucirás el estuche. Toda persona tiene su hermosura, sólo basta tomar tiempo para encontrarla.





Autor desconocido

8 comentarios:

Gabriela O.o°• dijo...

A mi me enamora una personalidad, prefiero mil veces la perla que el estuche.

Anita dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anita dijo...

Lo mas importante es lo de adentro..yo tambien me quedo con la perla....o con el estuche? jajjajja no es broma.
Se muy bien tus gustos que son muy parecidos a los mios... asi que definitivamente las personalidades.

Besos

mar dijo...

Siempre me quedo con la belleza interna, la externa con el tiempo se desvanece...
Un besito y una estrella.
Mar

Destructor de mentiras. dijo...

Hola!!

Me gusto mucho, de verdad que me encanto, yo prefiero la perla, el corazon, la mente, la personalidad.
que bonito, me gusto...

conchale, y pensar que a veces las personas se pueden confundir...
bueno,
Abrazos.

noctambulus dijo...

me ha gustado mucho la entrada y aunque me vencía el sueño no he podido evitar leerla hasta el final... prefiero la personalidad pero mis ojos siempre se adelantan a mi corazón, y mi mente pasa de mi ojos y de mi corazón prefiere conocer que hay mas allá de toda apariencia o primeras impresiones, definitivamente me gusta saber como es la persona ... besos luego volvere a dejarte un deseo pero en algún lugar hay un regalo para ti jajajaja búscalo

Iss dijo...

La belleza interior no se encuentra en cualquier lado, sólo en el corazón de aquella persona que ama la vida... eso se refleja, eso lo importante

Besos

cynthia dijo...

La belleza la transmite el alma. .. la pureza y lo simple de nosotros.. el reto es cascara.. caretas .. pero que lindo mirarnos, sentirnos, y reflejar en la sonrisa el eco de nuestros corazones enamorados.
Besotes amiga..